Como todo buen ultrasicópata organizado, ahora estoy en un período de enfriamiento. Que conste que a mí esto me parece una completa soplapollez. Pero intento adherirme al marco teórico oficial para la psicopatía todo lo que puedo. Y digo que todo lo que puedo, porque no siempre puedo. Y ahora estoy en ese momento, en el que me he visto obligado a romper mi período de enfríamiento. El cual me propuse que oscilara entre un meses mínimo, y media año, máximo.
El caso es que me había venido a vivir a un barrio nuevo de una capital del Sur de Madrid, de cuyo nombre ahora no recuerdo. Este barrio se hizo con suelo público cedido a cooperativas para que los hijos del baby boom de la clase obrera inmigrante pudiera acceder a la vivienda. Sin embargo, esta gente que vive aquí, está completamente desclasada, ha perdido la consciencia de sus orígenes, y ahora, se ha convertido en clase media aspiracional, aunque ellos se crean ya montados en la clase media.
Y esto lo sé porque estoy en el vomitivo e inmundo, plagado de faltas de ortografía, del chat de mi comunidad. Donde los miserables se quejan todo el tiempo de la parcela de pisos de protección oficial que van a construir al final del barrio, temiendo todo el tiempo de que le metan la gentuza dentro de su planificado barrio lleno de locales semi-burgueses, de estilo modernito, y temiendo aún más a la okupación.
Luego, cuando uno baja a las reuniones de la comunidad y se plantea construir una piscina comunitaria, o hacer el edificio más sostenible, o cualquier otra mejora, el fracaso sistemático de cada una de las iniciativas de mejora, además de las faltas de ortografía y las carencias sintácticas en su expresión escrita evidencian un bajo nivel socio-cultural entre sus miembros.
Dicho lo cual…
Dicho lo cual…
De un tiempo a esta parte, debido al reducido número de viviendas en el mercado capitalista español, los precios de los pisos se han disparado a cifras completamente desorbitadas. Así como el precio de alquiler y venta de los locales.
Y he aquí, en este punto de la historia, donde comienza el final del período de enfriamiento. Porque sí, porque uno piensa que vive entre ciudadanos normales, cuando debajo siempre hay una capa fangosa y chapapótica de oscuridad.
El caso es que, y ahora ya entro en materia, debajo de mi edificio, un buen día, de buenas a primeras, una frutería abrió las puertas. Recuerdo el experimento fracasado de una frutería bien, de fruta procedente de la huerta, que pusieron hace un tiempo. Proyecto que, lógicamente, fracasó de forma estrepitosa, porque, como ya he dicho, aquí la gente huele a un quiero y no puedo, y al final, todo se resume a que ‘la fruta aquí es muy cara’, o ‘la fruta aquí es más cara que en el Mercadona’. El único supermercado del barrio, el cual hace unas cajas de beneficios espectaculares, aprovechándose de que tiene el monopolio de la alimentación del barrio.
Pero he aquí que vino un frutero, raudo, veloz, ‘echao pa’lante’, a mirar de tú a tú a la fruta del mercadona; aprovechando por los huecos horarios del Mercadona, como la apertura de la frutería en domingo.
Y el caso es que este señor, que tiene a su mujer trabajando en la caja, y a sus hijos haciendo los deberes o jugando en el banco público que hay justo en frente, poco a poco, ha ido infiltrándose en las rodillas del barrio. Y al pegarse o fundirse con su tejido, la gente normal, normaliza su actividad y su presencia allí. E incluso, algunos dicen, que mira, un latino emprendedor, un latino que genera economía, un latino que presta un servicio a los españoles, un latino que trabaja, y se gana la vida de forma honesta y limpia, un latino que paga sus impuestos. Un latino que es como nosotros, normal, y por eso merece estar integrado.
Y estos procesos de normalización operan sobre las redes neuronales cortando trayectos de pensamiento, creando rutas prohibidas, y como consecuencia de ello, nadie se hace preguntas, y si se las hace, no son las adecuadas. Con lo cual, aquí en este barrio, todos nadan en la superficie, pero nadie baja al fondo del mar, para ver si está limpio, o si por el contrario, está lleno de mierda.
Y vaya que si había mierda, mierda a punta de pala, mierda que empezó a salir como en una película de serie B a borbotones por las cámaras frigoríficas que estaban en la trastienda.